
Conocer, pensar y aprender en la nueva era: tres brújulas para un tiempo sin manual
Vivimos un tiempo en el que los mapas heredados parecen explicar cada vez menos el territorio. La aceleración tecnológica, la transformación demográfica, la crisis de confianza, la polarización y las nuevas formas de talento están configurando una época que ya no puede leerse solo con los parámetros del siglo XX.
No se trata únicamente de incorporar nuevas herramientas o adaptarse a nuevas formas de trabajar. La pregunta de fondo es cómo orientarnos cuando cambian a la vez los sistemas productivos, las expectativas de las personas, el vínculo entre empresa y profesional, y la manera en la que construimos criterio.
Sobre esta cuestión gira la nueva conversación de MáshumanoTV & Podcast, una iniciativa que impulsamos desde la Fundación Máshumano y que ha contado con la colaboración y hospitalidad de Schiller International University.
En este nuevo encuentro, Tomás Pereda, subdirector general de Fundación Máshumano, conversa con Juan Carlos Cubeiro, Premio Nacional de Management, referente del coaching estratégico y una de las voces más reconocidas en talento, liderazgo y learnability. Un diálogo pausado y lleno de matices que se estructura en torno a tres grandes verbos: conocer, pensar y aprender.
Tres capacidades profundamente humanas para una época sin manual de instrucciones: Conocer para leer las señales del nuevo mapa. Pensar para proteger la autonomía del criterio. Aprender para no quedar atrapados en la obsolescencia y seguir construyendo futuro.
Como señala Tomás Pereda en la conversación, el reto consiste en “conocer el mundo que nos está tocando vivir, pensarlo en cabeza propia y aprender aquello que será necesario para la nueva época”.
Conocer: leer el mapa del nuevo mundo
El primer bloque de la conversación se centra en la necesidad de comprender el nuevo territorio. La cuestión no es solo si el cambio avanza deprisa, sino si estamos ante una transformación de naturaleza distinta. Juan Carlos Cubeiro habla de “reevolución”: una evolución acelerada en la que convergen muchas fuerzas al mismo tiempo.
Entre esas fuerzas aparecen la globalidad, la centralidad del talento, el destierro necesario del edadismo, el avance de las tecnociencias y el impacto de la tecnología. La inteligencia artificial ocupa hoy buena parte del debate público, pero no es el único vector de transformación. Junto a ella avanzan la biología sintética, la computación cuántica, la IA agencial y un conocimiento cada vez más profundo del cuerpo humano.
Pero hay otro elemento decisivo: la demografía. La longevidad va a transformar nuestras biografías, nuestras trayectorias profesionales y la forma en que entendemos la relación entre educación, trabajo y jubilación. Durante mucho tiempo, la vida se organizó en tres grandes etapas: primero se estudiaba, después se trabajaba y finalmente nos jubilábamos. Ese esquema empieza a perder sentido en un contexto de vidas más largas, carreras más fragmentadas y aprendizajes permanentes.
En este escenario, la curiosidad deja de ser un rasgo anecdótico para convertirse en una condición de empleabilidad. Como afirma Cubeiro: “Si hoy no aprendes al ritmo del entorno, individual o colectivamente, no tienes ningún futuro”.
Del Capitalismo al Talentismo
La conversación ha puesto especial foco en cómo está cambiando el mundo del trabajo. Frente a los modelos heredados del industrialismo, del taylorismo y de la lógica de puesto, emerge una forma de organización menos fijada por la jerarquía y más articulada por proyectos.
La “redarquía” aparece aquí como una metáfora poderosa: equipos que se configuran para resolver un reto, aportar valor y seguir aprendiendo. El trabajo se entiende menos como un lugar fijo y más como una sucesión de contribuciones valiosas.
En este punto aparece el concepto de talentismo, donde el talento no es una etiqueta abstracta, sino la capacidad de poner en valor lo que una persona sabe, quiere y puede hacer. La pregunta decisiva es quién reconoce ese valor. Durante mucho tiempo, la organización tuvo prácticamente la última palabra. Hoy, especialmente tras la pandemia, el profesional con talento reconocido elige más, exige más y no está dispuesto a entregar su tiempo a cualquier proyecto, jefe o cultura.
Esta transformación sitúa a las áreas de personas ante un reto enorme. Su importancia es mayor que nunca, pero su protagonismo no está garantizado. Tendrán que responder a un talento más consciente de su valor, más sensible al estilo de liderazgo, a la salud mental, al aprendizaje, al propósito y a la coherencia entre lo que la empresa declara y lo que realmente practica.
Inteligencia artificial: ayuda, no sustitución
La inteligencia artificial atraviesa toda la conversación como una de las señales más visibles de la nueva era. Sin embargo, la pregunta relevante ya no es solo qué puede hacer la IA, sino qué exige de nosotros para utilizarla bien.
En la conversación se apuntan tres condiciones básicas: hacer buenas preguntas, saber de lo que se pregunta para poder detectar errores y sintetizar con criterio lo que la herramienta devuelve.
La IA puede ahorrar tiempo, automatizar tareas y liberar capacidad humana en muchos procesos administrativos o repetitivos. Pero no sustituye aquello que diferencia a los mejores profesionales: la negociación, la autenticidad, la cabeza fría, la intuición, la creatividad, la curiosidad o la inteligencia emocional.
En palabras de Cubeiro: “La curiosidad, la creatividad, la intuición y la inteligencia emocional no te las va a dar la IA. La IA te ayuda, pero no te sustituye”.
Pensar: la resistencia del espíritu
El segundo bloque aborda una cuestión decisiva: cómo pensar la nueva era. Porque conocer el mapa no basta. También necesitamos desarrollar la capacidad de interpretarlo, cuestionarlo y no dejarnos arrastrar por narrativas interesadas.
Vivimos en un entorno saturado de mensajes, datos, opiniones, estímulos y tecnologías de persuasión. En este escenario, el pensamiento propio deja de ser una competencia intelectual para convertirse en una forma de resistencia. Así lo expresa Tomás Pereda: “Si tú no piensas, alguien te pensará”. Y añade una idea que resume buena parte del sentido de este bloque: “El pensamiento crítico va a ser la última trinchera de la libertad del ser humano”.
Pensar no consiste simplemente en tener una opinión. Como recuerda Cubeiro: “Pensar requiere tiempo de reflexión, base, valentía y esfuerzo”.
Esta reflexión conecta directamente con el mundo empresarial. El riesgo es el pensamiento grupal o group thinking: equipos brillantes que toman malas decisiones porque nadie se atreve a disentir, porque todos miran al jefe antes de hablar o porque la cultura penaliza la discrepancia. En esos contextos, el problema no suele ser la falta de talento individual, sino la ausencia de un entorno donde el criterio pueda expresarse.
Por eso, el pensamiento crítico no debería ser un lujo reservado a determinados perfiles, sino una competencia estratégica para los equipos directivos y para el conjunto de la organización.
El propósito como brújula
En una “terra incógnita”, cuando el mapa no alcanza, necesitamos brújula. Y una de esas brújulas es el propósito. Pero no cualquier propósito.
Juan Carlos Cubeiro advierte contra el riesgo de banalizarlo: “El propósito no es poner una frase en la pared. Tiene que ser propósito vivido”.
El propósito ha emergido con fuerza porque responde a una carencia: se ha perdido confianza, autenticidad y sensación de verdad. Cuando es real, actúa como una palanca capaz de atraer y fidelizar talento. Cuando es impostado, acelera la desconfianza.
La figura del “turista laboral”, que hemos analizado desde la Fundación Máshumano ayuda a entender este desplazamiento. Si el trabajo de por vida se acabó, también puede haber terminado el empleado de por vida. Cada proyecto debe aportar sentido, aprendizaje y empleabilidad. El reto ya no está solo en retener, sino en construir vínculos más maduros y coherentes.
Aprender: la learnability como destino
El tercer bloque se centra en el aprendizaje. Aprender completa el recorrido porque toda nueva era obliga a una nueva pedagogía de la existencia: qué saber, cómo saber y de quién merece la pena aprender.
Aprender no consiste en consumir información ni en acumular datos. Aprender es abrir los ojos, tomar conciencia de algo que antes no veíamos y, sobre todo, hacer algo con ello. “No aprendemos cuando tomamos nota; aprendemos cuando hacemos algo con eso”, afirma Cubeiro.
Esta idea resulta especialmente relevante en un tiempo de abundancia informativa. Tenemos más datos y más acceso al conocimiento que nunca, pero eso no significa que aprendamos más ni mejor. El reto está en discriminar fuentes, volver a saberes profundos y distinguir entre quien “toca de oído” y quien realmente domina una disciplina.
También la memoria ocupa un lugar fundamental. Lejos de ser un simple almacén de información sustituible por internet, la memoria es lo que nos permite conectar puntos, reconocer patrones, imaginar soluciones y progresar. Como recuerda Cubeiro: “No hay inteligencia como capacidad de solucionar problemas sin memoria”.
Aprender a aprender es, por tanto, la respuesta más humana a la obsolescencia. Y desaprender forma parte de esa misma práctica: reconocer que algunas respuestas que sirvieron en otro contexto pueden haber perdido sentido. No se trata siempre de tener razón, sino de resolver problemas, mejorar y progresar juntos.
Una conversación con mirada humanista
Esta nueva conversación de MáshumanoTV deja una idea de fondo: entramos en una etapa sin libro de instrucciones, pero no sin brújulas. Conocer, pensar y aprender son tres formas de orientarnos ante un mundo que ya no se explica con los mapas heredados.
La nueva era no se afronta desde la nostalgia, sino desde la ilusión de construir. No se trata de temer el futuro, sino de participar activamente en su creación. El futuro no está escrito: se conoce, se piensa, se aprende y se crea.
Gracias a Schiller International University
Esta conversación ha sido posible gracias a la colaboración de Schiller International University, que acogió la grabación de MáshumanoTV & Podcast en sus instalaciones y nos permitió generar un espacio de diálogo pausado, abierto y orientado a pensar los grandes retos de nuestro tiempo. También una vez más, gracias a apoyo de la Red de empresas de Fundación Máshumano.
La grabación contó también con la presencia de parte del equipo de Schiller International University y de Fundación Máshumano, que acompañaron este nuevo encuentro, con una apuesta común por el conocimiento, el diálogo y el aprendizaje permanente.

