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AI love you: empresas y talento joven ante el reto de una inteligencia artificial más humana

La inteligencia artificial ya forma parte de nuestras conversaciones, de nuestras organizaciones y de nuestra forma de aprender, trabajar y relacionarnos. Pero quizá la gran pregunta no sea solo qué puede hacer la IA por nosotros, sino qué estamos dispuestos a seguir haciendo nosotros: pensar, decidir, crear sentido, cuidar el criterio, preservar la atención y mantener vivo aquello que nos hace humanos.

Con esta reflexión de fondo, la Escuela de Verano de Nebrija y Foro RRHH celebró su séptima edición bajo un lema tan provocador como sugerente: AI love you. Organizada por la Universidad Nebrija y Foro Recursos Humanos, con el apoyo de EY, DKV y Fundación Máshumano, la jornada reunió a expertos del ámbito empresarial, académico, jurídico, filosófico y de gestión de personas para abordar uno de los grandes retos de nuestro tiempo: cómo integrar la inteligencia artificial en las organizaciones sin olvidar la responsabilidad humana.

Desde Fundación Máshumano, como entidad colaboradora de esta Escuela de Verano, compartimos plenamente este punto de partida. La IA abre oportunidades extraordinarias para mejorar procesos, aumentar la productividad, personalizar experiencias, impulsar la innovación y liberar tiempo para tareas de mayor valor. Pero también plantea riesgos profundos si delegamos en ella no solo tareas, sino criterio, responsabilidad, atención o sentido.

La reflexión resulta especialmente relevante para las nuevas generaciones. El talento joven está entrando en el mercado laboral en un momento en el que muchas de las tareas de acceso, aprendizaje inicial o desarrollo profesional están siendo transformadas por la automatización. Por eso, hablar de IA no es solo hablar de tecnología. Es hablar de empleabilidad, de ética, de aprendizaje, de salud cognitiva, de liderazgo y de futuro.

La apertura de la jornada corrió a cargo de Gerardo Mochales, vicerrector de Estudiantes, Empleabilidad e Internacionalización y decano de la Nebrija Business & Technology School, y de Eva Iglesias, directora del Máster Universitario en Liderazgo y Dirección Estratégica de Personas en Nebrija Business & Technology School. Ambos subrayaron la necesidad de preparar a los profesionales para un entorno en plena transformación.

Francisco García Cabello, fundador y CEO de Foro RRHH, que recordó también una idea esencial para enmarcar toda la jornada: “por mucha IA tengamos, hay dos claves que nos ocupan y preocupan: el factor humano y la comunicación”.

Ética y mirada humanista: la IA puede crear, pero el sentido lo ponemos las personas

La primera mesa redonda, titulada “Ética en las nuevas relaciones persona-máquina”, estuvo moderada por nuestro subdirector general Tomás Pereda y abordó una cuestión central: cómo construir una relación sana, ética y responsable entre las personas y las tecnologías inteligentes.

Tomás Pereda introdujo la conversación desde una mirada humanista, planteando que la tecnología puede llevarnos hacia una “segunda Ilustración”, pero también hacia una nueva forma de sedentarismo cognitivo si renunciamos a pensar por nosotros mismos. En este sentido, advirtió sobre el riesgo de que la IA nos empuje hacia una especie de “sofá cognitivo”: un lugar cómodo desde el que dejamos que la máquina piense, ordene, resuelva y decida por nosotros.

La clave, por tanto, no está en rechazar la IA, sino en utilizarla con conciencia. En Fundación Máshumano venimos reflexionando sobre estos impactos en el mundo del trabajo a través de iniciativas como WorkéticA, desde la convicción de que la tecnología puede y debe estar al servicio de las personas. La IA puede generar contenidos, ofrecer datos, automatizar procesos o ayudarnos a tomar mejores decisiones. Pero no puede sustituir aquello que pertenece al terreno humano: el sentido, la ética, la responsabilidad y la capacidad de preguntarnos para qué hacemos lo que hacemos.

David Borreguero, HR Business Partner y Senior Manager en Salesforce, se mostró optimista respecto al uso de la IA como una herramienta que “puede ayudarnos a ser mejores”, siempre que se mantenga una premisa clara: la decisión final debe tomarla la persona. En procesos especialmente sensibles, como la selección, la desvinculación o la gestión del ciclo de vida del empleado, la IA puede ayudar a reducir errores, ampliar información y favorecer decisiones menos sesgadas. Pero la supervisión humana sigue siendo imprescindible.

Desde esta perspectiva, Borreguero apuntó también a un debate especialmente importante para el talento joven: la contratación de perfiles entry level. En un momento en el que algunas organizaciones pueden verse tentadas a prescindir de profesionales júnior porque determinadas tareas rutinarias ya pueden automatizarse, la cuestión no es solo económica, sino ética y estratégica. Contratar talento joven quizá no siempre sea lo más rentable a corto plazo, pero sí puede ser lo correcto a largo plazo si queremos construir una base sólida de profesionales preparados para el futuro.

Tama Pérez Giannopoulos, Vice President HR en Novocure, apeló a la responsabilidad individual y organizativa. Recordó que las empresas que desarrollan la inteligencia artificial no se van a detener, por mucho que se les pida actuar con ética. Por eso, la responsabilidad no puede delegarse únicamente en las grandes tecnológicas. Las empresas, los equipos directivos y cada profesional deben dedicar tiempo a preguntarse cómo están utilizando estas herramientas, con qué criterios y con qué consecuencias.

Su mensaje al talento joven fue especialmente directo: “¿Queréis depender de las empresas o queréis depender de vosotros mismos?”. En un contexto de cambio constante, la empleabilidad ya no puede entenderse como algo que se recibe pasivamente, sino como una capacidad que se construye. Aprender a utilizar la IA a favor propio, desarrollar criterio, hacerse buenas preguntas y mantener una actitud activa ante el cambio serán competencias decisivas.

Omar Molina, Partner at Augusta Abogados – Employment and Labor Law, aportó la visión jurídica y normativa. Explicó que el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial considera de alto riesgo cualquier incidencia vinculada al ciclo de vida del empleado, lo que refuerza la importancia de la transparencia, la supervisión humana y la responsabilidad en el uso de estas tecnologías dentro de las organizaciones.

Molina subrayó también la importancia de la recualificación. La formación y la actualización de competencias serán fundamentales para mantener un trabajo de calidad y evitar decisiones drásticas en las empresas. Pero, además, planteó una cuestión relevante para los perfiles más jóvenes: si el conocimiento se democratiza y muchas tareas de recopilación o análisis inicial pueden ser realizadas por herramientas de IA, las organizaciones tendrán que repensar qué propuesta de valor ofrecen a sus profesionales júnior. El aprendizaje, la relación con clientes y equipos, el desarrollo de habilidades digitales, la exposición a contextos reales y la observación de profesionales sénior pueden convertirse en elementos diferenciales.

La primera mesa dejó así una idea clara: la IA puede ayudarnos a decidir mejor, pero no decide por nosotros qué es justo, qué es humano o qué futuro queremos construir.

Rendición cognitiva, déficit de atención y salud mental: el riesgo de dejar de pensar

La segunda mesa, moderada por Eva Iglesias, profundizó en cómo la inteligencia artificial afecta a las personas, al aprendizaje, a la atención y a los nuevos modelos de trabajo. Bajo el título “¿Cómo afecta a las personas este modelo de trabajo: rendición cognitiva, déficit de atención?”, el coloquio abordó una de las dimensiones más delicadas de la transformación tecnológica: su impacto sobre nuestras capacidades cognitivas.

Eva Iglesias abrió el bloque reconociendo que la IA ya está cambiando el mundo docente. “Estamos cambiando la forma de enseñar. Si seguimos enseñando como antes, los alumnos no van a venir a clase”, apuntó. Esta reflexión conecta directamente con las nuevas generaciones, que ya están aprendiendo, estudiando y trabajando en entornos atravesados por herramientas inteligentes.

Fátima Álvarez, filósofa y autora de ¿Por qué tomarse la empresa con filosofía?, lanzó una advertencia clara: nos estamos dejando domesticar por la inteligencia artificial. Según explicó, el peligro comienza cuando confiamos cada vez más en la IA hasta ceder no solo tareas, sino decisiones. “Vamos confiando cada vez más en la IA y ahí empieza el peligro. Vamos cediendo cada vez más hasta que llega la rendición cognitiva. Lo peor es que uno no se da cuenta”, señaló.

La filósofa defendió la necesidad de mantener la sospecha, entendida no como rechazo a la tecnología, sino como actitud crítica. La IA es atractiva porque elimina fricciones, facilita procesos y ofrece respuestas rápidas. Pero no todas las fricciones deben desaparecer. Algunas son necesarias para aprender, para desarrollar criterio y para cultivar nuestras capacidades. Esta idea resulta especialmente relevante para los jóvenes, que han crecido en entornos cada vez más “lubricados”, donde muchas respuestas parecen estar disponibles de forma inmediata. La facilidad puede ser útil, pero también puede debilitar la profundidad.

Fátima Álvarez también cuestionó la supuesta objetividad de los algoritmos. En ámbitos como despidos, promociones, planes de desarrollo o evaluación del desempeño, la IA puede tratar a todos igual, pero eso no significa que sea justa. No siempre atiende a las circunstancias personales, a las trayectorias particulares o a los matices que forman parte de la realidad humana. En ese punto, la subjetividad, tantas veces criticada, puede ser precisamente lo que aporta humanidad a la toma de decisiones.

Ismael Sánchez Herrera Bautista, consultor senior de estrategia preventiva y cultura corporativa en Vitaly, abordó el impacto neurológico y preventivo de esta transformación. Alertó de que, si delegamos nuestras habilidades humanas en la IA, podemos perder neuroplasticidad. El proceso de descarga cognitiva es natural: las personas tendemos a apoyarnos en herramientas que nos ahorran esfuerzo. Pero cuando esa descarga se convierte en dejadez de funciones, aparecen riesgos para la atención, el aprendizaje y la salud.

Sánchez señaló además que la salud mental y cognitiva no es solo un problema empresarial, sino social. La hiperconexión, la aceleración constante y la dependencia tecnológica están afectando a nuestra capacidad de concentración.

Pablo de la Hoz, COO & co-founder de Zityhub, puso el foco en la incertidumbre y en la presión que viven hoy las organizaciones. Por un lado, se exige rendimiento, resultados y uso intensivo de nuevas herramientas. Por otro, especialmente a los jóvenes, se les transmite que todo debe hacerse rápido, que lo importante es producir mucho y ejecutar muchas tareas. Frente a esta lógica de la inmediatez, defendió el pensamiento crítico, el debate, el detalle y la capacidad de proteger nuestro tiempo y nuestra atención.

“El peligroso no es solamente cuando entregamos las tareas, sino cuando entregamos el criterio”, señaló. Esta idea resume uno de los grandes riesgos de la IA aplicada al trabajo: que dejemos de distinguir entre recibir ayuda y renunciar a nuestra capacidad de juicio. En un entorno digital diseñado muchas veces para capturar la atención, proteger espacios de concentración se convierte en una responsabilidad individual, organizativa y cultural.

Durante el coloquio, Eva Iglesias planteó una pregunta provocadora: ¿estamos preparados para que nuestro jefe sea un algoritmo? Las respuestas fueron contundentes. Fátima Álvarez advirtió que eso habría que evitarlo porque supondría una rendición aún mayor. Pablo de la Hoz recordó que hay personas que ya están en esa situación, aunque no sean plenamente conscientes. Ismael Sánchez apeló a nuestra condición de animales sociales: es difícil que una IA pueda motivarnos como lo hace una relación humana.

Esta segunda mesa dejó una llamada clara a las empresas. Si de verdad decimos que las personas están en el centro, ese principio debe notarse también en la forma en que incorporamos la tecnología. Las organizaciones tienen que preguntarse qué papel juegan en la preservación de la salud cognitiva de sus empleados. La educación es fundamental, pero no puede cargar sola con esta responsabilidad. Empresas, gobiernos, instituciones educativas y sociedad deben compartir el compromiso de preparar a las personas para una transformación digital que también transforma nuestra manera de pensar.

Experiencias empresariales: adoptar la IA sin perder libertad, bienestar ni reflexión

La tercera mesa redonda, moderada por Francisco García Cabello, puso el foco en las experiencias empresariales y en las iniciativas innovadoras que algunas organizaciones están impulsando para integrar la inteligencia artificial sin perder el equilibrio humano. Bajo el título “Experiencias innovadoras de empresas: espacios libres de IA…”, el debate partió de una realidad cada vez más evidente: vivimos en conexión permanente y necesitamos aprender a poner distancia con la tecnología también en el trabajo.

Víctor García Falaguera, Talent & Organization Director en DKV Seguros, defendió que “al final las personas son las que dan sentido a la tecnología y no al revés”. Desde su experiencia, bienestar y tecnología pueden formar una combinación poderosa si la IA se entiende como un facilitador, no como una brújula que marque el camino. La tecnología debe capacitar las cualidades humanas, no sustituirlas.

Elena Senén, HR Business Partner en EY Consulting, defendió la importancia de probar las herramientas de IA con los trabajadores y de no depender al cien por cien de la tecnología. En EY, explicó, el foco ha evolucionado desde la productividad personal hacia la creación de espacios sin IA que inviten a la reflexión. Esta idea conecta con una necesidad creciente en las organizaciones: reservar momentos para pensar sin intermediación tecnológica, para contrastar, conversar, analizar y construir criterio.

Albert Cañigueral, BSC AI Factory One-stop shop manager en Barcelona Supercomputing Center y miembro del Círculo de Ideación de Fundación Máshumano cerró las intervenciones poniendo el foco en los riesgos invisibles de los entornos digitalizados. Advirtió que los algoritmos están empezando a limitar espacios y que, de forma muchas veces inconsciente, el espacio de posibilidades se reduce en los entornos digitales. Por eso reivindicó la necesidad de preservar espacios de pensamiento sin tecnología.

Su reflexión final fue especialmente relevante: “Es importante que tengamos espacios para ejercer la libertad completa, para que el libre albedrío no esté determinado por los algoritmos”. En un contexto en el que la IA puede ayudarnos a escuchar mejor, analizar múltiples canales y atender necesidades personalizadas, también debemos distinguir entre adoptar la IA y adaptarnos pasivamente a ella. Adoptar implica decidir, elegir, establecer límites y mantener el control. Adaptarse sin criterio puede conducirnos a una dependencia que empobrezca nuestra capacidad de innovación.

Porque no puede haber innovación sin reflexión. Y, en algunos casos, la IA puede ser más un obstáculo que una ventaja si elimina los tiempos lentos, las preguntas incómodas o los espacios de pensamiento profundo de los que surgen las mejores ideas.

Algunas conclusiones: Una inteligencia aumentada, no una humanidad disminuida

La Escuela de Verano de Nebrija y Foro RRHH dejó muchas ideas, pero todas convergen en una misma convicción: la inteligencia artificial puede ofrecernos datos, información, ideas y eficiencia, pero no nos proporciona por sí sola sentido, justicia ni propósito. Eso lo ponemos las personas.

El reto no está en elegir entre tecnología o humanidad. El reto está en construir una inteligencia aumentada, en la que las capacidades humanas se vean reforzadas por las herramientas digitales, sin caer en el deskilling, la rendición cognitiva o la pérdida de criterio. La IA debe ayudarnos a ser mejores profesionales, no profesionales menos atentos, menos críticos o menos responsables.

Para las empresas, esto implica asumir un compromiso profundo con la formación, la transparencia, la supervisión humana, la salud cognitiva y el desarrollo de las personas. Incorporar IA no puede ser solo una decisión tecnológica o de productividad. Debe ser también una decisión cultural, ética y organizativa.

Para el talento joven, el mensaje es igualmente claro. La IA será una herramienta imprescindible en su futuro profesional, pero no sustituirá la necesidad de aprender, esforzarse, pensar, equivocarse, relacionarse, desarrollar criterio y construir una voz propia. En un mundo en el que muchas respuestas estarán disponibles en segundos, la verdadera diferencia estará en saber hacer buenas preguntas, interpretar la información, actuar con responsabilidad y decidir desde valores humanos.

En Fundación Máshumano creemos que esta conversación es urgente y necesaria. Porque el futuro del trabajo no será más humano por el simple hecho de incorporar tecnología avanzada. Será más humano si somos capaces de poner esa tecnología al servicio de las personas, de su desarrollo, de su bienestar y de su capacidad para construir un futuro mejor.

La inteligencia artificial nos invita a avanzar. Pero también nos exige detenernos a pensar. Y quizá esa sea una de las grandes lecciones para las nuevas generaciones: usar la IA, sí. Pero sin dejar que piense, decida o viva por nosotros.