
Fundación Máshumano reivindica el pensamiento y la acción humanista como respuesta a un tiempo acelerado
En nuestro programa mensual del mes de julio en Foro de los Recursos Humanos quisimos volver a vivir algunos de los momentos más especiales de los Premios al Pensamiento y la Acción Humanista, celebrados recientemente, y compartir con los oyentes las voces de quienes protagonizaron una gala profundamente inspiradora.
En esta ocasión, el programa estuvo dedicado a recordar y poner en valor los mensajes de nuestros premiados: Carlos López-Otín, reconocido bioquímico, investigador y pensador humanista, galardonado en la categoría de Pensamiento Humanista; y José María Pérez “Peridis”, arquitecto, dibujante, divulgador cultural e impulsor de la Fundación Santa María la Real, reconocido en la categoría de Acción Humanista.
Junto a ellos, contamos también con la mirada de Mónica Margarit, presidenta del jurado de los Premios; de Íñigo Sagardoy, presidente de Fundación Máshumano; y de Tomás Pereda, subdirector general de la Fundación. Sus intervenciones nos ayudaron a profundizar en el sentido de unos reconocimientos que nacen de una convicción muy clara: necesitamos referentes que nos ayuden a construir una sociedad más humana.
Reconocer trayectorias que inspiran, actúan y transforman
Los Premios al Pensamiento y la Acción Humanista nacen de una idea que forma parte de la esencia de Fundación Máshumano: el humanismo no es solo una forma de pensar, sino también una forma de actuar. Por eso, estos reconocimientos ponen el foco en personas que no se han limitado a desarrollar una trayectoria profesional brillante, sino que han sabido poner su conocimiento, su talento y su compromiso al servicio de los demás.
Como recordó Tomás Pereda al inicio del programa, en la sociedad actual “necesitamos referentes ejemplares en los que mirarnos”. En un tiempo marcado por la aceleración, la incertidumbre y la transformación tecnológica, estos premios nos permiten detenernos y mirar hacia personas que encarnan valores como la coherencia, la congruencia, la responsabilidad y el compromiso los demás.
Tomás subrayó también la importancia de recuperar la libertad de pensamiento. En referencia al “sapere aude” kantiano —atrévete a saber, atrévete a pensar—, recordó que, en una época en la que las máquinas piensan más rápido que nosotros, esa valentía vuelve a ser necesaria para no convertirnos en “pupilos de un algoritmo”. Desde esa mirada, tanto Carlos López-Otín como Peridis representan algo esencial: personas libres que no han delegado ni su pensamiento ni su compromiso.
Mónica Margarit, presidenta del jurado, nos ayudó a entender qué se busca cuando se valoran las candidaturas a estos premios. Según explicó, las dos categorías —pensamiento y acción— se complementan, porque el humanismo está tanto en quienes se dedican a la reflexión, al análisis y a la cultura, como en quienes hacen cosas concretas para mejorar la vida de los demás.
Para Mónica, una trayectoria verdaderamente humanista no es solo una trayectoria brillante. Es aquella que va más allá de lo esperado, que hace “más de lo que le tocaría hacer”. En el caso de Carlos López-Otín, destacó que es “un científico de primerísimo nivel” que siempre ha entendido que el pensamiento, la poesía, la filosofía, la literatura y el humanismo tenían que formar parte intrínseca de su trabajo científico. Su aportación no se limita a la excelencia investigadora, sino que nos recuerda que la ciencia no puede dejar de lado al ser humano.
Sobre Peridis, Mónica señaló que podría haberse limitado a ejercer como arquitecto, pero decidió unir patrimonio, educación, humor gráfico, empleo y compromiso social. Sus viñetas entraron “en la casa de muchos” en un momento histórico importante, pero, además, su impulso a la Fundación Santa María la Real convirtió una vocación personal en un proyecto colectivo de enorme impacto.
Mónica explicó también por qué estos premios tienen sentido. Un premio, dijo, debe ser una reivindicación: “ponemos esto encima de la mesa porque queremos que la sociedad se dé cuenta de algo”. Y esa reivindicación, en nuestro caso, está plenamente alineada con el propósito de Fundación Máshumano: impulsar una mirada más humana en la sociedad, en las organizaciones y en la vida pública.
Íñigo Sagardoy, presidente de Fundación Máshumano, reforzó esta idea durante el programa. Explicó que vivimos una época de grandes transformaciones, muy aceleradas, y que precisamente por eso es necesario poner en valor personas, trayectorias e ideas que contribuyan a construir una sociedad más humana. Con estos reconocimientos, señaló, “no queremos premiar solo un logro o una carrera, sino mostrar a la sociedad ejemplos de personas que, con su forma de pensar y actuar, contribuyen a ese objetivo”.
Íñigo recordó que “el humanismo no es un concepto teórico”, sino algo profundamente actual. En el mundo de la empresa y del trabajo, hablar de humanismo significa recordar que las organizaciones viven por y para las personas, y que las personas deben estar en el centro de la toma de decisiones. Esto no supone olvidar los resultados, sino entender que no pueden conseguirse dejando atrás a quienes forman parte de la organización.
También en el ámbito tecnológico, Íñigo defendió que la tecnología debe estar al servicio del ser humano, y no al contrario. En un mundo donde prima la inmediatez, reivindicó la necesidad de combinar pensamiento con acción: pensar con criterio, con reflexión pausada y con sentido; y actuar con humanismo para no quedarnos solo en las ideas.
Las voces de los premiados: ciencia, patrimonio, confianza y humanidad
El programa nos permitió escuchar también la voz de Carlos López-Otín. Antes de su intervención, José Antonio Sacristán, director de la Fundación Lilly, lo presentó recordando que, si algo caracteriza al investigador, es “su visión de que el progreso científico debe estar siempre al servicio del hombre”. En su caso, la vocación humanista no es algo añadido a su carrera científica, sino su raíz.
Carlos López-Otín compartió el origen de su vocación: su deseo de entender “el porqué de las cosas” y su asombro ante la belleza de la naturaleza que le rodeaba en los Pirineos. A lo largo de ese camino estudió, trabajó, se esforzó y aprendió los lenguajes moleculares y celulares que explican la vida.
Pero, como él mismo explicó, hubo algo que tuvo que aprender por sí mismo: “la última verdad de la ciencia, la última verdad de la investigación se basa en dos palabras: la humildad y la humanidad”. López-Otín afirmó que nunca pensó en ningún experimento ni en ningún proyecto si no tenía detrás “un sustrato humanista” y “un valor social”.
Otro de los momentos más inspiradores de su discurso fue cuando habló del “exposoma amable”. Frente a la idea del exposoma como conjunto de factores externos que influyen negativamente en la salud, López-Otín nos invitó a pensar también en todo aquello que nos cuida y nos humaniza: los abrazos, las risas, las tristezas, los afectos, la bondad. “Este exposoma amable hay que cultivarlo, hay que entrenarlo”, afirmó, igual que entrenamos la curiosidad”. Una idea poderosa que une ciencia, emoción y vida compartida.
La segunda gran voz protagonista del programa fue la de José María Pérez “Peridis”, presentado por Francisco Hevia, patrono de la Fundación Santa María la Real. Hevia recordó que Peridis ha convertido el románico en recurso, las ruinas en escuelas y la desesperanza en oportunidad. “Ha demostrado que conservar es educar, que enseñar es transformar y que humanizar es construir futuro”, afirmó.
“Peridis” compartió cómo, a partir de la recuperación de un monasterio con jóvenes agricultores que aprendieron un oficio, comprendió que una ruina podía convertirse en una escuela. Allí vio que era posible enseñar, formar y reconstruir al mismo tiempo. “Se trataba de convertir las ruinas físicas en escuelas y las ruinas humanas de los chavales (…) en aprendices”, explicó.
Su intervención fue una llamada a la confianza y a la oportunidad. “Todos valemos para algo”, afirmó. Para Peridis, la sociedad debe abrir puertas para que las personas puedan intentarlo, fracasar o triunfar. “Hay que confiar en los demás porque no nos queda más remedio que confiar unos en otros”, dijo, recordándonos que la capacidad de las personas para crecer, conocer, ayudar y aprender es inmensa cuando encuentran motivación y acompañamiento.
Con este programa quisimos recordar que el humanismo no pertenece al pasado ni es una palabra abstracta. Es una forma concreta de mirar la ciencia, la empresa, la educación, el patrimonio, la tecnología y la vida social. Es pensamiento profundo, pero también acción transformadora. Es libertad para pensar, humildad para aprender, confianza para construir y compromiso para no dejar a nadie atrás.
A través de las voces de Mónica Margarit, Íñigo Sagardoy, Tomás Pereda, Carlos López-Otín y Peridis, volvimos a comprobar que una sociedad más humana necesita referentes. Pero también necesita tiempo, criterio, sensibilidad y personas dispuestas a convertir sus ideas en obras al servicio de los demás.